
Voy a ver a una abuelita de Ofra. Qué cosas, está ingresada en una clínica del Puerto de la Cruz, cerca del parque Taoro. Gran lugar, preciosas vistas. Al entrar en la habitación la encontré con las piernas al aire tostándalas al sol de la mañana para que cogieran calorcito. La viejita tiene el corazón muy gastado, dicen los médicos. Yo admiro el paisaje por la ventana mientras ella come en una de esas bandejas compartimentadas de los hospitales: consomé, carne con verduras, macedonia y pan tosatado; todo sin sal.