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jueves, 7 de febrero de 2008
RESPECTO AL MONO GRÁFICO
Gracias a los comentarios de 'masapan' y 'puñetero'. Me han hecho ver que ando un tanto torpe con mis opiniones y me sobrepaso tres o veinte pueblos. Tomo nota y procuraré que se note la próxima vez.
sábado, 26 de enero de 2008
EL MONO GRÁFICO. Versión II

La crítica anterior no pasó la censura. Me dicen que había caído en su mismo error: que era burda. Esta es la definitiva y lo siento, no soy capaz de reprimirme más.
Una apuesta excesiva.
Iba yo a la Casa de la Cultura de Los Realejos a ver una creación dirigida por Don Carlos Belda, un tipo bien ubicado en la escena y los pasillos de lo teatral en la isla y además con horizontes internacionales (estuvo con el canadiense Lepage). Pasé por alto lo de que su nombre aparezca tres veces más grande que el de las actrices y actores en el folleto de mano.
Por seguir con el folleto de mano, se entiende que vamos a ver unas cuantas escenas que ligan al hombre y al mono y nos harán entrever que la estupidez viene de lejos, que seguimos estando bastante cerca de los primates y que a esas conclusiones llegaremos a través del humor de contemplar nuestra propia conducta bastante animal y bastante irracional, pese a las formas aparentemente civilizadas.
Pues bien, se me indigestó la obra. Mucha cultura acumulada pero mal traspasada al escenario. Me vinieron a la memoria algunas obras de los andaluces de La Cuadra de Sevilla, en las que cada elemento sobre escena, cada movimiento y cada gesto son poéticos, emocionantes, eléctricos y enormes. En “el mono gráfico” me sobraba casi todo, ni una brizna de sutileza.
El repertorio de recursos escénicos (cambiar de vestuario ante el público, mostrar cómo se simula una tormenta con una plancha metálica, la pintura blanca sobre los rostros a modo del teatro de máscaras japonés, la esperadísima apertura de “así habló Zarathustra” de la película “Odisea en el espacio”, la escena del diálogo surrealista a modo de los hermanos Marx, los recurridos gestos simiescos, el vocabulario vulgarísimo de algunos monólogos o el ir de venir de carpetas y archivos a través de la red) sólo sirven como justificación a un conjunto de escenas predecibles, fáciles, sin rastro de poesía ni de ese calambre de emociones que uno esperaba recibir.
Disculparán que destripe un poco la obra, pero es que me gusta quitar el antifaz con el que se cubren algunas obras de teatro que “quieren ser y no pueden”. Es muy fácil el discurso de la mujer bipolar (si por lo menos hubieran atribuido el desorden a un hombre). Es de Perogrullo el conflicto entre religiones. Es patético el “homenaje” que se rinde al libro de Saramago “Las intermitencias de la muerte”, cuando sobre el escenario se reúnen en “junta extraordinaria de la multinacional muerte” África, Occidente y Oriente. Es demasiado obvio el estilismo de vestuario. En resumen: un experimento colectivo sin pies ni cabeza, aunque parezca tenerlos.
Las dos actrices y los dos actores se dejan la piel sobre las tablas. El libreto de mano concluye con un: “Que lo disfruten”. Yo disfruté cuando intuí que se acabó. Tímidos aplausos al final por parte del público. Creo que se dieron cuenta. Y yo ya estoy un poco mejor. Ay Carlitos, Carlitos, Carlitos…
Iba yo a la Casa de la Cultura de Los Realejos a ver una creación dirigida por Don Carlos Belda, un tipo bien ubicado en la escena y los pasillos de lo teatral en la isla y además con horizontes internacionales (estuvo con el canadiense Lepage). Pasé por alto lo de que su nombre aparezca tres veces más grande que el de las actrices y actores en el folleto de mano.
Por seguir con el folleto de mano, se entiende que vamos a ver unas cuantas escenas que ligan al hombre y al mono y nos harán entrever que la estupidez viene de lejos, que seguimos estando bastante cerca de los primates y que a esas conclusiones llegaremos a través del humor de contemplar nuestra propia conducta bastante animal y bastante irracional, pese a las formas aparentemente civilizadas.
Pues bien, se me indigestó la obra. Mucha cultura acumulada pero mal traspasada al escenario. Me vinieron a la memoria algunas obras de los andaluces de La Cuadra de Sevilla, en las que cada elemento sobre escena, cada movimiento y cada gesto son poéticos, emocionantes, eléctricos y enormes. En “el mono gráfico” me sobraba casi todo, ni una brizna de sutileza.
El repertorio de recursos escénicos (cambiar de vestuario ante el público, mostrar cómo se simula una tormenta con una plancha metálica, la pintura blanca sobre los rostros a modo del teatro de máscaras japonés, la esperadísima apertura de “así habló Zarathustra” de la película “Odisea en el espacio”, la escena del diálogo surrealista a modo de los hermanos Marx, los recurridos gestos simiescos, el vocabulario vulgarísimo de algunos monólogos o el ir de venir de carpetas y archivos a través de la red) sólo sirven como justificación a un conjunto de escenas predecibles, fáciles, sin rastro de poesía ni de ese calambre de emociones que uno esperaba recibir.
Disculparán que destripe un poco la obra, pero es que me gusta quitar el antifaz con el que se cubren algunas obras de teatro que “quieren ser y no pueden”. Es muy fácil el discurso de la mujer bipolar (si por lo menos hubieran atribuido el desorden a un hombre). Es de Perogrullo el conflicto entre religiones. Es patético el “homenaje” que se rinde al libro de Saramago “Las intermitencias de la muerte”, cuando sobre el escenario se reúnen en “junta extraordinaria de la multinacional muerte” África, Occidente y Oriente. Es demasiado obvio el estilismo de vestuario. En resumen: un experimento colectivo sin pies ni cabeza, aunque parezca tenerlos.
Las dos actrices y los dos actores se dejan la piel sobre las tablas. El libreto de mano concluye con un: “Que lo disfruten”. Yo disfruté cuando intuí que se acabó. Tímidos aplausos al final por parte del público. Creo que se dieron cuenta. Y yo ya estoy un poco mejor. Ay Carlitos, Carlitos, Carlitos…
EL MONO GRÁFICO. Tamaska Teatro

Un Tufo intelectualoide bien disimulado.
Iba yo a la Casa de la Cultura de Los Realejos a ver a una creación dirigida por Don Carlos Belda, colaborador del insigne director canadiense y universal Robert Lepage. Salí llamándolo Carlitos. La cosa empezó a preocuparme al ver el cartel donde se anuncia la obra: el nombre del director era tres veces más grande que el de las actrices y los actores. Uy, uy, uy…
Lo que vi sobre el escenario me pareció un triste intento de plasmar a través de un pastiche indigesto mucha cultura acumulada. No sé por qué me vinieron a la memoria las obras de La Cuadra de Sevilla, en las que cada elemento sobre el escenario, su posición y su tránsito por él, son milimétricos, justos y poéticos. En “el mono gráfico” ocurre justo lo contrario. El collage no resulta.
El repertorio de recursos escénicos (cambiar de vestuario ante el público, mostrar cómo se simula una tormenta con una plancha metálica, la pintura blanca sobre los rostros a modo del teatro de máscaras japonés, la esperadísima apertura de “así habló Zarathustra” de la película “Odisea en el espacio”, los recurridos gestos simiescos, el vocabulario vulgarísimo de algunos monólogos o el ir de venir de carpetas y archivos a través de la red) sólo sirven como justificación a un conjunto de escenas predecibles, fáciles, sin rastro de poesía ni de ese calambre de emociones que uno esperaba recibir.
Disculparán que destripe un poco la obra, pero es que me gusta quitar el antifaz con el que se cubren algunas obras de teatro que “quieren ser y no pueden, porque no saben”. Es muy fácil el discurso de la mujer bipolar (si por lo menos hubieran atribuido el desorden a un hombre). Es de Perogrullo el conflicto entre religiones. Es patético el “homenaje” que se rinde al libro de Saramago “Las intermitencias de la muerte”, cuando sobre el escenario se reúnen en “junta extraordinaria de la multinacional muerte” África, Occidente y Oriente. Es lamentable el estilismo de vestuario... En resumen: un experimento colectivo sin pies ni cabeza, aunque parezca tenerlos.
El dúo de actores y actrices se dejan la piel sobre las tablas. Dice el folleto que es una creación colectiva. Vale. Pero la responsabilidad del producto final corre a cuenta del director. Carlitos, Carlitos, Carlitos… Tímidos aplausos al final por parte del público. Creo que se dieron cuenta. Uf, ya me encuentro mucho mejor.
Iba yo a la Casa de la Cultura de Los Realejos a ver a una creación dirigida por Don Carlos Belda, colaborador del insigne director canadiense y universal Robert Lepage. Salí llamándolo Carlitos. La cosa empezó a preocuparme al ver el cartel donde se anuncia la obra: el nombre del director era tres veces más grande que el de las actrices y los actores. Uy, uy, uy…
Lo que vi sobre el escenario me pareció un triste intento de plasmar a través de un pastiche indigesto mucha cultura acumulada. No sé por qué me vinieron a la memoria las obras de La Cuadra de Sevilla, en las que cada elemento sobre el escenario, su posición y su tránsito por él, son milimétricos, justos y poéticos. En “el mono gráfico” ocurre justo lo contrario. El collage no resulta.
El repertorio de recursos escénicos (cambiar de vestuario ante el público, mostrar cómo se simula una tormenta con una plancha metálica, la pintura blanca sobre los rostros a modo del teatro de máscaras japonés, la esperadísima apertura de “así habló Zarathustra” de la película “Odisea en el espacio”, los recurridos gestos simiescos, el vocabulario vulgarísimo de algunos monólogos o el ir de venir de carpetas y archivos a través de la red) sólo sirven como justificación a un conjunto de escenas predecibles, fáciles, sin rastro de poesía ni de ese calambre de emociones que uno esperaba recibir.
Disculparán que destripe un poco la obra, pero es que me gusta quitar el antifaz con el que se cubren algunas obras de teatro que “quieren ser y no pueden, porque no saben”. Es muy fácil el discurso de la mujer bipolar (si por lo menos hubieran atribuido el desorden a un hombre). Es de Perogrullo el conflicto entre religiones. Es patético el “homenaje” que se rinde al libro de Saramago “Las intermitencias de la muerte”, cuando sobre el escenario se reúnen en “junta extraordinaria de la multinacional muerte” África, Occidente y Oriente. Es lamentable el estilismo de vestuario... En resumen: un experimento colectivo sin pies ni cabeza, aunque parezca tenerlos.
El dúo de actores y actrices se dejan la piel sobre las tablas. Dice el folleto que es una creación colectiva. Vale. Pero la responsabilidad del producto final corre a cuenta del director. Carlitos, Carlitos, Carlitos… Tímidos aplausos al final por parte del público. Creo que se dieron cuenta. Uf, ya me encuentro mucho mejor.
sábado, 19 de enero de 2008
SEXO SENTIDO, JOEL ANGELINO. Viernes 18 enero, Los Realejos.

De vuelta a la nueva temporada teatral en la Casa de la cultura de Los Realejos. Esta vez iba dispuesto a no ver teatro, dado el tipo de espectáculo, y así fue.
Joel es tipo entrañable, con unas excelentes dotes para... el mimo. Su trabajo puede quedar bien en un programa televisivo del canal Paramount Comedy, en un café teatro, o como "picapica" en el concurso "un, dos, tres..." Pero a un escenario le sienta como una patada en salvasealaparte. Eso sí, el público, al final, puesto en pie, aplaudió y aplaudió.
El texto es simple, simple, simple; fácil, fácil, fácil. Un ejemplo: imitar a la Terremoto de Alcorcón sobre las tablas me parece un recurso tan triste a estas alturas... Y es que, encima, cuando canta se le entiende nada y menos. El número de entrada con adán y eva al desnudo convertidos en títeres, que se ve de entrada que acabarán follando... El sermón mal trenzado sobre los cuatro tipos de impotencia masculina... Y hacer entonar al público, como "tranca" final esos orgasmos colectivos... Pero claro, después de oírme explicar lo que vi, entiendo cada vez más que el público aplaudiera con fuerza, mientras yo me quedaba en mi butaca encogidito sintiendo toneladas de vergüenza ajena. Soy un bicho raro y el público siempre tiene razón: así que vayan a verla, pese a mis diatribas.
Ah, insisto, el tipo me parece adorable, un esforzado, con buen entrenamiento corporal y buen corazón: al final, en los saludos, agradece a los políticos que le hayan dejado estar ahí. Un servidor fue a tragarse unos boquerones en vinagre de cicuta para olvidar... A la clase política.
sábado, 24 de noviembre de 2007
CANARIAS. Delirium Teatro

Cómo no, en el Casa de la Cultura de Los Realejos.
Vaya por delante: me gustó (luego entro en detalles). Pero salí con un cabreo monumental. Porque lo visto en la obra ¡no sólo ocurre en Canarias! Ocurre en todo el mundo occidental (inmigración en italia, grecia, usa...), el buitreo de los hijos ante los despojos del padre recién muerto, la insolidaridad, el artista incomprendido, los fallos en los aeropuertos... Hacer de todo ello un resumen de lo que es Canarias me parece un análisis demasiado simple para las islas porque, afortunadamente, son mucho más que eso (y lo digo yo, un godo reciclado a peninsular y emparejado con una canaria de pies a cabeza). Triste, Antonio Tabares, triste tu visión histriónica de las islas, aunque un excelente texto constumbrista (lo cortés no quita lo valiente).
Mis respetos al director. Hizo de un texto como ese un excelente ejercicio de dramaturgia, dando puntadas para hilvanar todas las escenas con gran talento teatral. Hizo moverse a los actores con naturalidad (pese al esperpento propio de ciertas escenas), colocó la hermosísima música de José Antonio Ramos donde debía, aprovechó los cambios de escena para recrearse en la magia de lo que es el escenario y remató la obra con maestría.
El elenco de actores hizo su trabajo con pulcritud (una oreja a cada cual, le hubiera otorgado la plaza bajo el reperorio de pañuelos blancos). Su trabajo dependía en gran parte de lo que las escenas daban de sí. Muy afinados. No me cansaré de repetir que en la isla hay un fenomenal plantel de actores y actrices.
Vean la obra, la recomiendo, pero por favor, no se miren mucho el ombligo... No hace falta ni viajar para comprenderlo, basta con ver unos cuantos telediarios. Verán que somos, simplemente, una gotita más de lo mismo, lo mismito, que ocurre por ahí, sólo que rodeados de agua por todas partes.
lunes, 19 de noviembre de 2007
"MÓVIL" EN EL GUIMERÁ

Pues sí, este fin de semana nos diseminamos por los treatrillos de la isla y otros rincones del planeta.
¿Móvil? Una obra de ingeniería. Un texto preciso, milimétrico, que se ciñe por comlpeto a los cánones tan clásicos, pero vigentes, de: presentacion, nudo y desenlace. Y en el "nudo" absolutamente belbeliano, es cuando las emociones se desbordan y yo me quedé boquiabierto por tanta sabiduría, encogidito en mi butaca de platea. Para enfilar hacia un epílogo "de cuento" en el que deseaba un final feliz y se me otorgó. Un festín, vamos.
Actores y actrices bien. María Barranco y Mélida Molina especialmente. Escenografía minimalista en perfecta armonía y un correcto trabajo de dirección que no resta pegada al libreto.
¿Para cuándo una cosa así, made in tenerife?
UN BUFÓN EN LA CORTE DE EL SAUZAL

Leo Basi en el teatro de esta villa. Fuimos a verlo.
En ausencia del rey del Sauzal se coló un bufón italiano en su corte.
Entró por el Auditorio y, al más puro estilo de Darío Fo, provocó,
divirtió y, sí convenció. "La Revelación" de Leo
Bassi tuvo un lleno casi completo en una sala en la que el
arquitecto parece haberse equivocado al poner el escenario en el
sitio opuesto en el que debería estar. Esto último explica el casi.
Más gente seguramente que en la catedral de Tenerife un domingo
cualquiera. Causa extrañeza ver un espectáculo de este tipo en el
pueblo del actual presidente. Nos lo imaginamos en la capital
tinerfeña y no podemos menos que intuir una posible censura acorde
con los tiempos que corren: si hay censura a la distribución de un
periódico gratuito ¿cómo no la habría a un espéctaculo que va contra
las creencias religiosas de un cierto teniente de alcalde?
Salgo del espéctaculo con una convicción: Sócrates me ama. Me sigo
preguntando por qué. ¿Debería desconfiar de los griegos que dicen amarme?
Entró por el Auditorio y, al más puro estilo de Darío Fo, provocó,
divirtió y, sí convenció. "La Revelación" de Leo
Bassi tuvo un lleno casi completo en una sala en la que el
arquitecto parece haberse equivocado al poner el escenario en el
sitio opuesto en el que debería estar. Esto último explica el casi.
Más gente seguramente que en la catedral de Tenerife un domingo
cualquiera. Causa extrañeza ver un espectáculo de este tipo en el
pueblo del actual presidente. Nos lo imaginamos en la capital
tinerfeña y no podemos menos que intuir una posible censura acorde
con los tiempos que corren: si hay censura a la distribución de un
periódico gratuito ¿cómo no la habría a un espéctaculo que va contra
las creencias religiosas de un cierto teniente de alcalde?
Salgo del espéctaculo con una convicción: Sócrates me ama. Me sigo
preguntando por qué. ¿Debería desconfiar de los griegos que dicen amarme?
sábado, 17 de noviembre de 2007
LAS OBRAS COMPLETAS DE WILLIAM SHAKESPEARE (Morfema Teatro)

La Casa de la Cultura de Los Realejos es un lugar al que siempre vuelvo... A ver teatro. Este viernes tocó Shakespeare, con Morfema Teatro.
Mención especial a los tres actores (¡qué buen material tiene esta isla en materia de interpretación!). Mención especial al libreto original del que se ha hecho la adaptación. Mención especial al público que llenó la sala.
Con obras así se siembra el amor al teatro: acción contínua, mutaciones, atractivos recursos escénicos, abundancia gestual, colorido vestuario y un final "in crescendo" que recoge las carcajadas del espectador. Me encontré con público que era la segunda vez que iba a ver la obra (la gente quiere pasar un rato entretenida).
Pero esta vez "la magia del teatro" me sorprendió fuera de él, una vez acabada la obra y de regreso a casa. Fui con Iso (once años y una cabeza bien amueblada). Me dijo que le gustó muchísimo: "le pongo un diez", me comentó. Y me preguntó qué opinaba yo. Le respondí que yo le daba un cinco porque no me había puesto la piel de gallina, ni un nudo en la garganta, que es lo que yo busco en el teatro. Ella me respondió que a ella sólo se le pone la piel de gallina cuando tiene frío, y el nudo en la garganta cuando tiene ganas de llorar por algo que le haya ocurrido, que menuda bobería ir a buscar eso al teatro. Pues sí, pensé: a más mayor más bobo; a más teatro visto más relativista. Debe ser que ando cansado ya de correrías de actores entre el público, de impostaciones de voz demasiado literales, o de mí mismo.
Enhorabuena Morfema, enhorabuena Ricardo, Baltasar y Pedro. Vayan a verla y, ustedes verán (y disculpen la literalidad).
domingo, 11 de noviembre de 2007
ACAYMO, UNA GAVIOTA EN MADRID

Pues sí, me escapé a verlo. También he leído algunas crónicas en la prensa. Y, por si fuera poco, conozco a Pablo y a Abi, de "Lima Limón" (cuánto entusiasmo, profesionalidad y humanidad se concentran en esa escuela de baile).
De los monos que descienden de los árboles, luego el baile guanche del palo , el tenderete... Al vuelo de Acaymo hacia Madrid, sus amores-conflictos, para volver más Acaymo, tan de aquí. Una historia local. Muy local. ¿Demasiado local?
La escenografía correcta, la coreografía también (cuántas ganas y energía sobre el escenario, qué derroche de ilusión contagiosa), la música en directo de agradecer... Las voces: me quedo solamente con una. ¿El libreto? Pues para pasearlo por las islas.
Siento que es un punto de partida, un excelente entrenamiento para acometer algo más arriesgado, más poético, más universal. Material hay, no sé si medios. Tampoco sé explicar la emoción que quiero sentir al plantarme en un teatro. Sé lo que siento cuando algo me estremece. Acaymo no lo consiguió. Pero intuyo que esa gente del escenario podrían llegar a hacerlo. Y eso es mucho, pues sé que soy difícil de conmover hasta el tuétano; pero esas son las emociones que muchas veces me ha transmitido una actuación.
sábado, 27 de octubre de 2007
HELENA TURBO TEATRO

Y salí por ahí anoche, a ver más teatro. "El vértice de la bola ". Vayan a verla. La mayoría de poemas: soberbios. La dirección espléndida, como los actores y actrices. Elegir la poesía como tema para una obra resulta complicado porque es muy fácil caer en la simplería o en la altanería. Helena Turbo esquivó los tópicos con estilo e hizo poesía con la poesía. Una apuesta creativa, arriesgada, de altura. La música de fondo suena al compás, complementa cada instante y te dejas llevar por ella. No es un musical (enhorabuena), no es una simple historia (enhorabuena), son hilos de poesía que, de nuevo en la calle, me llevan a casa con una mariposa en el estómago. Bien cenado. Insisto: vayan a verla.
sábado, 13 de octubre de 2007
BURKA TEATRO

Anoche me perdí por uno de los teatros de la isla para ver a la gente de Burka Teatro. Su última propuesta "Bocacho de Risa" es lo que es. El público se divierte, los actores y actrices ejecutan su labor con buen oficio. El texto es excelente. El mensaje acertado. El trabajo de dirección consigue, con lo mínimo, un máximo rendimiento: mueve bien la escena, incrementa el grado de histrionismo, y acierta en el tono actoral. ¿Entonces, por qué salgo con un cierto regusto triste?
Me sobró la introducción. Quieren hacer didáctica ubicando al autor y su época. Para mí que es una excusa para alargar un texto que se les hace demasiado corto. Y luego, en las escenas más hilarantes no hacen las pausas adecuadas para que el público les ría las gracias; ellos siguen declamando y no puedes oír parte de un texto tan mordaz que mejor no perderse ni un punto y coma.
Abandoné la sala de la Casa de la Cultura de Los Realejos preguntándome sobre el panorama del teatro canario, las políticas de subvenciones, la vergonzosa presencia de la compañía "I+D Danza" en el Festival de Teatre de Tàrrega y sobre mi sobrenatural cretinismo a la hora de hablar sin demasiado conocimiento de causa.
Me sobró la introducción. Quieren hacer didáctica ubicando al autor y su época. Para mí que es una excusa para alargar un texto que se les hace demasiado corto. Y luego, en las escenas más hilarantes no hacen las pausas adecuadas para que el público les ría las gracias; ellos siguen declamando y no puedes oír parte de un texto tan mordaz que mejor no perderse ni un punto y coma.
Abandoné la sala de la Casa de la Cultura de Los Realejos preguntándome sobre el panorama del teatro canario, las políticas de subvenciones, la vergonzosa presencia de la compañía "I+D Danza" en el Festival de Teatre de Tàrrega y sobre mi sobrenatural cretinismo a la hora de hablar sin demasiado conocimiento de causa.
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